Poeta y basura

a

“En el jardín hay un cerezo dormido, pero parece muerto. Este otoño comenzó a sentirse apático, y la dejadez se apoderó de su espíritu. La vida, cansada de verle abúlico y desastrado, decidió que lo mejor sería que se tomaran un tiempo para reflexionar sobre su relación, y se marchó de vacaciones, dejándole en un estado de abatimiento que hizo que se fuera consumiendo poco a poco hasta que acabó por convertirse en lo que es ahora: el aletargado esqueleto de un cerezo; una osamenta de madera clavada al suelo, que solo espera que regrese la vida”.

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lunes, 24 de septiembre de 2012

Razón de la vigilia, de Benito Acosta

Recuerdo que, hace un par de años, estaba leyendo en casa un libro de "Poesía Extremeña" que había financiado la Junta de Extremadura. Aunque la mayoría de los versos me caían en saco roto (no sé cómo no pusieron nada de Francisco Aldana), mereció la pena el tiempo invertido en uno de los poemas: "Razón de la vigilia", de Benito Acosta. Esta pieza la transcribí palabra a palabra porque no la encontré en Internet y, ciertamente, aunque me recuerda en algunos atisbos al "Don de la ebriedad" de Claudio Rodríguez, encierra un halo de misterio, un grito desgarrado al cielo envuelto en seda.
 
Nacido en Zalamea de la Serena en 1937, entró en el Seminario de San Atón (Badajoz) el año 1952 y se ordenó presbítero el 7 de abril de 1962. Diferencias muy serias con el Obispo le hicieron pedir traslado a la diócesis de Málaga, donde vivió los mejores años de su vida como párroco de Mollina.
 
Yo repaso mis años y recuento
los días y las horas
instaladas
en mi respiración y observo algunas
costumbres de vivir donde habitaban
entonces emociones. Pero algo
transfiguraba mis fotografías
mientras faltaba tiempo para todo
y esperaba los rostros y paisajes
a pleno sol o en bares de relojes
lentísimos, y fui llenando toda
mi estatura de mí penosamente
hasta llegar a respirarme en días
de cielo tan glorioso que flotaba
sobre la mansedumbre de las nubes.
Después vinieron días destinados
al olvido global con argumentos
esenciales salvados en pateras
de consistencia milagrosa, días
de vigilante voluntad de ser
en medio de la asfixia, de sentirme
fuera del huracán sin voz ni voto,
o tan sólo con voz tal vez, ahogada
por gritos en papeles que la tierra
conduce, inexorable, al primigenio
limo. Y, en tanto, laboraba algo
la arcilla de mi piel con comisuras
irreversibles y algo convocaba
en mi interior a ausencias sin remedio.
Eran días iguales. Maravilla
pensar que tantas cosas sucedieran
dentro y fuera de mí; que algo, de pronto,
sin historia aparente, comenzara
a fallar, el oído, la columna,
la vista, la tensión, y en el espejo
era difícil designar al niño
que se asombró del rostro que guardaba
desconocidas cifras en sus ojos.
Ahora en mi tertulia se ha sentado,
silenciosa, la muerte. No sostiene
conversación alguna ni demuestra
sentimientos ni prisa. Está presente
y mira o no y escucha o no y observa
no el reloj de todo lo empezado
para poner tan torpemente a salvo
tanto dolor de noches intentando
dictar a mis papeles cómo arde
todo mi ser de enigmas amorosos
y terribles, y miro en vano el ceño
de su rostro –ya sé que, sin que valga
apelación, pronunciará mi nombre
y todo quedará inconcluso– y diluye su presencia
en el trajín del día. Yo por eso
perfilo el inventario de mis calles,
silencios, olas y constelaciones;
anoto luz por luz todas mis horas
y nube a nube los atardeceres
más lejanos y siento que es un campo
sagrado, un equipaje que no tiene
ninguna otra criatura, y que no puedo
dejar a la intemperie de la muerte.

 
Benito Acosta
 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Historia de vampiros, de Mario Benedetti

Aprovechando que estoy viviendo en Argentina hasta Navidad, me he acordado de un poema que descubrí en un concierto de rap con jazz (Rafael Lechowski & Glaç Jazz). Fue emocionante sentirlo. El uruguayo Benedetti crea un ambiente único en el que el lector llega incluso a empatizar con los chupasangres. Grandísima metáfora. Lo acompaño con la enorme canción del grupo malagueño Tabletom de "El vampiro", cuya calidad y letra son tremendas también.
 

Era un vampiro que sorbía agua
por las noches y por las madrugadas
al mediodía y en la cena.

Era abstemio de sangre
y por eso el bochorno
de los otros vampiros
y de las vampiresas.

Contra viento y marea se propuso
fundar una bandada
de vampiros anónimos,
hizo campaña bajo la menguante,
bajo la llena y la creciente
sus modestas pancartas proclamaban,
vampiros beban agua
la sangre trae cáncer.

Es claro los quirópteros
reunidos en su ágora de sombras
opinaron que eso era inaudito,
aquel loco aquel alucinado
podía convencer a los vampiros flojos,
esos que liban boldo tras la sangre.

De modo que una noche
con nubes de tormenta,
cinco vampiros fuertes
sedientos de hematíes, plaquetas, leucocitos,
rodearon al chiflado, al insurrecto,
y acabaron con él y su imprudencia.

Cuando por fin la luna
pudo asomarse
vio allá abajo
el pobre cuerpo del vampiro anónimo,
con cinco heridas que manaban,
formando un gran charco de agua,
lo que no pudo ver la luna
fue que los cinco ejecutores
se refugiaban en un árbol
y a su pesar reconocían
que aquello no sabía mal.

Desde esa noche que fue histórica
ni los vampiros, ni las vampiresas,
chupan más sangre,
resolvieron
por unanimidad pasarse al agua.

Como suele ocurrir en estos casos
el singular vampiro anónimo
es venerado como un mártir.

martes, 14 de agosto de 2012

Oda a Salvador Dalí

Recién leí este poema de Lorca elogiando al grandísimo Dalí. Muy de su estilo neoyorkino el principio, más romancero el final.


Una rosa en el alto jardín que tú deseas.
Una rueda en la pura sintaxis del acero.
Desnuda la montaña de niebla impresionista.
Los grises oteando sus balaustradas últimas.

Los pintores modernos en sus blancos estudios,
cortan la flor aséptica de la raíz cuadrada.
En las aguas del Sena un ice-berg de mármol
enfría las ventanas y disipa las yedras.

El hombre pisa fuerte las calles enlosadas.
Los cristales esquivan la magia del reflejo.
El Gobierno ha cerrado las tiendas de perfume.
La máquina eterniza sus compases binarios.

Una ausencia de bosques, biombos y entrecejos
yerra por los tejados de las casas antiguas.
El aire pulimenta su prisma sobre el mar
y el horizonte sube como un gran acueducto.

Marineros que ignoran el vino y la penumbra,
decapitan sirenas en los mares de plomo.
La Noche, negra estatua de la prudencia, tiene
el espejo redondo de la luna en su mano.

Un deseo de formas y límites nos gana.
Viene el hombre que mira con el metro amarillo.
Venus es una blanca naturaleza muerta
y los coleccionistas de mariposas huyen.

* * *

Cadaqués, en el fiel del agua y la colina,
eleva escalinatas y oculta caracolas.
Las flautas de madera pacifican el aire.
Un viejo dios silvestre da frutas a los niños.

Sus pescadores duermen, sin ensueño, en la arena.
En alta mar les sirve de brújula una rosa.
El horizonte virgen de pañuelos heridos,
junta los grandes vidrios del pez y de la luna.

Una dura corona de blancos bergantines
ciñe frentes amargas y cabellos de arena.
Las sirenas convencen, pero no sugestionan,
y salen si mostramos un vaso de agua dulce.

* * *

¡Oh, Salvador Dalí, de voz aceitunada!
No elogio tu imperfecto pincel adolescente
ni tu color que ronda la color de tu tiempo,
pero alabo tus ansias de eterno limitado.

Alma higiénica, vives sobre mármoles nuevos.
Huyes la oscura selva de formas increíbles.
Tu fantasía llega donde llegan tus manos,
y gozas el soneto del mar en tu ventana.

El mundo tiene sordas penumbras y desorden,
en los primeros términos que el humano frecuenta.
Pero ya las estrellas ocultando paisajes,
señalan el esquema perfecto de sus órbitas.

La corriente del tiempo se remansa y ordena
en las formas numéricas de un siglo y otro siglo.
Y la Muerte vencida se refugia temblando
en el círculo estrecho del minuto presente.

Al coger tu paleta, con un tiro en un ala,
pides la luz que anima la copa del olivo.
Ancha luz de Minerva, constructora de andamios,
donde no cabe el sueño ni su flora inexacta.

Pides la luz antigua que se queda en la frente,
sin bajar a la boca ni al corazón del bosque.
Luz que temen las vides entrañables de Baco
y la fuerza sin orden que lleva el agua curva.

Haces bien en poner banderines de aviso,
en el límite oscuro que relumbra de noche.
Como pintor no quieres que te ablande la forma
el algodón cambiante de una nube imprevista.

El pez en la pecera y el pájaro en la jaula.
No quieres inventarlos en el mar o en el viento.
Estilizas o copias después de haber mirado,
con honestas pupilas sus cuerpecillos ágiles.

Amas una materia definida y exacta
donde el hongo no pueda poner su campamento.
Amas la arquitectura que construye en lo ausente
y admites la bandera como una simple broma.

Dice el compás de acero su corto verso elástico.
Desconocidas islas desmiente ya la esfera.
Dice la línea recta su vertical esfuerzo
y los sabios cristales cantan sus geometrías.

* * *

Pero también la rosa del jardín donde vives.
¡Siempre la rosa, siempre, norte y sur de nosotros!
Tranquila y concentrada como una estatua ciega,
ignorante de esfuerzos soterrados que causa.

Rosa pura que limpia de artificios y croquis
y nos abre las alas tenues de la sonrisa
(Mariposa clavada que medita su vuelo).
Rosa del equilibrio sin dolores buscados.
¡Siempre la rosa!

* * *

¡Oh, Salvador Dalí de voz aceitunada!
Digo lo que me dicen tu persona y tus cuadros.
No alabo tu imperfecto pincel adolescente,
pero canto la firme dirección de tus flechas.

Canto tu bello esfuerzo de luces catalanas,
tu amor a lo que tiene explicación posible.
Canto tu corazón astronómico y tierno,
de baraja francesa y sin ninguna herida.

Canto el ansia de estatua que persigues sin tregua,
el miedo a la emoción que te aguarda en la calle.
Canto la sirenita de la mar que te canta
montada en bicicleta de corales y conchas.

Pero ante todo canto un común pensamiento
que nos une en las horas oscuras y doradas.
No es el Arte la luz que nos ciega los ojos.
Es primero el amor, la amistad o la esgrima.

Es primero que el cuadro que paciente dibujas
el seno de Teresa, la de cutis insomne,
el apretado bucle de Matilde la ingrata,
nuestra amistad pintada como un juego de oca.

Huellas dactilográficas de sangre sobre el oro,
rayen el corazón de Cataluña eterna.
Estrellas como puños sin halcón te relumbren,
mientras que tu pintura y tu vida florecen.

No mires la clepsidra con alas membranosas,
ni la dura guadaña de las alegorías.
Viste y desnuda siempre tu pincel en el aire
frente a la mar poblada de barcos y marinos.


miércoles, 1 de agosto de 2012

The Manhattan Project

Este time-lapse es, sin lugar a dudas, el mejor que he visto. Quien conozca la ciudad, lo disfrutará más aún. Es un auténtico espectáculo de luces, color y vitalidad de la metrópoli que magistralmente Lorca describió. Lo acompaño de su "Aurora de Nueva York", llevada a música por Loquillo y una pieza fundamental de la poesía española.


La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible:
a veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

viernes, 8 de junio de 2012

La pantera, de Rainer Maria Rilke

¿No es maravilloso que me entre este pedazo de poema para un examen?

- TRADUCCIÓN 1:


Del deambular de las barras se ha cansado tanto
su mirada, que ya nada retiene.
Es como si hubiera mil barras
y detrás de mil barras ningún mundo hubiese.

El suave andar de pasos flexibles y fuertes,
que gira en el más pequeño círculo,
es como una danza de fuerza entorno un centro
en el que se yergue una gran voluntad dormida.

Sólo a veces se abre mudo el velo
de las pupilas. Entonces las penetra una imagen,
recorre la tensa quietud de sus miembros
y en el corazón su existencia acaba.


 




- TRADUCCIÓN 2:

Su mirada, cansada de ver pasar
las rejas, ya no retiene nada más.
Cree que el mundo está hecho
de miles de rejas y, más allá, la nada.

Con su caminar blando, pasos flexibles y fuertes,
gira en redondo en un círculo estrecho;
al igual que una danza de fuerzas en torno a un centro
en el que, alerta, reside una voluntad imponente.

Algunas veces, se alza el telón de sus párpados,
mudo. Una imagen viaja hacia dentro,
recorre la calma en tensión de sus miembros
y, cuando cae en su corazón, se funde y desvanece.

martes, 1 de mayo de 2012

Las personas curvas

Se me suele decir que escriba bajándome de la nube, abandonando mi tono de epopeya, mi aura de leyenda, usando un vocabulario más accesible, más de a pie de calle. Yo, me niego. Tenemos un idioma que ofrece posibilidades ilimitadas; ergo, hay que explotarlo, lo cual no quiere decir que con palabras sencillas, se hagan tan grandísimos poemas como este del barcelonés Jesús Lizano.

 

Mi madre decía: a mí me gustan las personas rectas

A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.
A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños; curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!
Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.
No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mí me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
No los dioses rectos:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.

lunes, 2 de abril de 2012

I want to be a pilot

"I want to be a pilot". Una de las mejores, y más duras, voice in off que he escuchado. Ese es el título de un poema y de un corto que refleja la realidad de los niños de Nairobi. Para esa película se entrevistaron a 50 niños huérfanos de la escuela Raila y su historia se condensó en el poema. En la película se ve el típico día de uno de esos niños: Omondi. Da la casualidad de que este verano, probablemente, vaya a Nairobi. Qué realidad tan distinta de la que ven aquellos que visitan Kenya para ir de safari...


I want to be a pilot

My name is Omondi
It means that when I was born
I woke up my mother
early in the morning.

I am twelve years old.
I live in Kibera
the biggest slum in East Africa.

My last meal
was on Sunday
today is Wednesday

I want to be a pilot
to fly very high,
far away from the ghetto

to a place
where kids have parents
that don’t die of HIV
everyday

to a place far away
where guardians of orphan kids
cannot abuse us
everyday

to a place far away
where goats eat
things other than trash
to a place far away
where I am treated
as well as white people are.

I want to be a pilot
to wear a uniform
and fly very high

to a place far away
where I don’t need
charity from distant lands

to a place far away
where white men in white coats
cannot test medicines on us

to a place far away
where the leaders we elected
stop filling their pockets
and start caring for us

to a place far away
where there are lots of school books
so one day

I can fly
far away.

I want to be a pilot.
It must feel so good
to go places

where I can walk barefoot
on the green grass

where water is clean
with rivers and springs

where I can feel the sun
shining on me.

It must feel so good

to fly far away
to a place where I don’t have
to dig through garbage
for metal scraps to sell

to a place where I have clothes to wear
when it’s cold and wet

to a place that when it rains
it doesn’t smell so bad.

I want to be a pilot.
So I can fly very
very high

to take off
and land
where my dreams are

to a place far away
where God just loves me
and churches are just

the mountains
the trees
the rivers

Yes
My dream is to fly far away
to a place
where my suffering can end.

I want to be a pilot
to wear a uniform
to go places

where others are not afraid
to play with me
because I am HIV positive

where I can lead a simple life
where I can eat at least once a day
where there is a future.

I want to be a pilot
so I can fly
to a place far away
where my mum and dad are

so they can hug me
so they can kiss me
so they can love me

so I can hug them
so I can kiss them
so I can love them

thank you

Diego Quemada-Diez, Kibera 2004

domingo, 11 de marzo de 2012

Cantores

Canción pera una noche llena de luna. Las mieles del éxito tienen su precio, como el deseo de ser piel roja. ¿Pagarlo? No cabe duda. Salve.

Ojalá que los cielos te den su favor
y, si crees en un dios, te crea:
las palabras que pueden hacer comprender
hacen daño y hay que ir a por ellas.

Cuando la dignidad es un Judas traidor
y la paz una falsa moneda,
no queda más remedio que agarrar el timón
o naufragar en esta tormenta.

Sostendré esta canción hasta que la verdad
me derrote y me cierre los labios.
Entonces mi soledad será profunda y cruel
y pondré mi guitarra en tus manos.

Es sencillo cantar por cantar, y cantar
escondiendo sonrisas a medias.
Es muy fácil cantar sin mancharse y triunfar
como un simple muñeco de cuerda.

Están comprando conciencias como mineral:
combustible de tumbas abiertas.
Es más fácil obedecer a un general
que saber a qué pueblo condena.

Sostendré esta canción hasta que la verdad
me derrote y me cierre los labios.
Entonces mi soledad será profunda y cruel
y pondré mi guitarra en tus manos.


Loquillo y Gabriel Sopeña


sábado, 10 de marzo de 2012

El deseo de ser piel roja

Si uno pudiera ser un piel roja
siempre alerta, cabalgando sobre un
caballo veloz, a través del viento,
constantemente sacudido sobre la
tierra estremecida, hasta arrojar las
espuelas porque no hacen falta espuelas,
hasta arrojar las riendas porque
no hacen falta riendas, y apenas viera
ante sí que el campo era una pradera rasa,
habrían desaparecido las crines
y la cabeza del caballo.


F. Kafka, El deseo de ser piel roja, en Contemplación, 1913

martes, 1 de marzo de 2011

Don de la ebriedad (comentario)

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo ―esto es un don―, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.


Claudio Rodríguez

Antes de empezar, es necesario señalar que, en “El don de la ebriedad”, el zamorano Claudio Rodríguez plasma en sus versos características de la lírica que la hacen brillar por lo que es.

Técnicamente, este poema presenta ciertos rasgos que no pueden ser pasados por alto. En primer lugar, queda patente y consagrado el detenimiento del tiempo, el alto del transcurso de un inalienable devenir, el carácter tempestivo pausado inherente al género lírico. El poeta nos está mostrando el momento exacto en el que siente algo, tal y como queda demostrado, por ejemplo, en:

“Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.

Como yo, como todo lo que espera.”

De esta forma, el autor desgarra su “yo interior” y lo plasma en las presentes líneas. Resulta imprescindible percatarse de que, al escribirlo, el momento en el que lo sintió ya ha pasado. El poeta se halla, en un estado de calma, tratando de imitar la sensación experimentada, procurando materializarlo en palabras en aras de ser capaz de transmitirlo. En mi opinión, su “yo ahora” conoció un cénit, de entre muchos, antes de escribir y, aunque pueda que erre en tal afirmación, me declaro partícipe de la idea de que jamás los productos de la mímesis se equipararán a la certeza de la realidad vivida. Normal Mailer sostenía que la densidad poética de la lírica radicaba en el detenimiento del tiempo. Si esto es cierto, consecuentemente podemos decir que “El don de la ebriedad” ostenta una densidad considerable. En segundo lugar, la estética juega un papel relevante, pues si la unimos a la connotación que encierra y con la que nos transmite sensaciones (véase “¿Quién hace menos creados cada vez a los seres? / ¿Qué alta bóveda los contiene en su amor?”), nos percatamos de que todo adjetivo desempeña una función específica. Se podría pensar que algunos son gratuitos pero, sin embargo, no es cierto. Su colocación se encuentra lejos de ser arbitraria: están ahí porque el poeta quiso, porque quería transmitir un mensaje de ese modo y no de otro, porque deseó que su trabajo, traducido en un conjunto de símbolos, signos y objetos estéticos, fuese gestado de esa manera. Si resulta verdadera la sentencia de que la poeticidad de una obra se encuentra en la cantidad de connotaciones que despierta, la que ahora escrutamos sería el despertador de las connotaciones. En tercer lugar, es preciso abordar que, en relación con lo mencionado anteriormente y con la teoría de la creación de Bécquer, probablemente el poeta cuando escribe no siente con los nervios sino de una manera artificial, ya que el sentimiento fue interior y, todo lo que inspiró, cosa pasada. A mi parecer, se puede incluso apreciar, como hacía el romántico, una relación con la mujer (“Si tú la luz te la has llevado toda, / ¿cómo voy a esperar nada del alba?”), ya que, en algunos versos, deja caer preguntas que no precisan respuesta, causadas por el amor y para dar respuesta a instintos, sueños, pasiones, etc. En cuarto lugar, en cuanto a los aspectos estilísticos, estimo que en “El don de la ebriedad” se mezclan los tres aspectos de la mente humana, ya que parece que Claudio Rodríguez primero sintió, luego experimentó sentimientos hacia otro/a y hacia sí mismo y acabó uniéndolo todo en el aspecto imaginativo. Además, los tres últimos versos (“ebria persecución, claridad sola / mortal como el abrazo de las hoces, / pero abrazo hasta el fin que nunca afloja”), desprenden, una vez más, desde la más pura opinión subjetiva, cierto regusto existencialista, un amargo buqué en el que el poeta aparentemente atravesó una locura, un delirio que le ata al incandescente recuerdo de que ineludiblemente se es mortal, de que ni aflojará ni amainará jamás nuestra naturaleza transitoria, que el final acaba siendo un abrazo a lo incondicional a la, en definitiva, ley de vida y muerte.

En conclusión y a modo de cierre, conviene señalar dos puntos: por un lado, se está narrando no lo sucedido, sino lo que podría suceder según lo verosímil y lo necesario y, por otro, Claudio Rodríguez está claramente transformando el mundo como más le gusta, aferrándose a algo fuera del contexto artístico y esculpiendo maravillas con ello.

Nítsuga Sotso Anibor (comentario de fin de semestre para Literatura)

jueves, 2 de diciembre de 2010

Papel secante

Y volvemos a las andadas. Hacía tiempo que no publicaba nada acerca de mi grupo favorito: Extremoduro. Y, de repente, estudiando un examen de Hacienda Pública a las 6 de la mañana se me vino esta canción a la cabeza. No solo me trae muy buenos recuerdos sino que también es una pieza curiosa. Al principio, se adentra en un halo de misterio, pasando más tarde al rock del bueno para luego terminar con, a mi parecer, un dulce final. Es lo que me gusta tanto de las letras de Robe, que pueden parecer simples pero entrañan más significado del que a priori se pueda escrutar. En mi opinión, no hay nada más maestro como llevar al lector a un sitio muy hondo con pocas palabras, es decir, es como ser arrastrado hasta el fondo del mar con una piedrecita atada al pantalón. Guten Apetit.

Atraviesa ya
la cortina gris;
deja de pensar,
nunca estás aquí.

Encuéntrame al salir de tus juegos de azar,
empiézate a reír y dame de fumar;
y en mi corazón no busques nunca una razón:
sólo sé vivir siempre fuera de control.

Y acompáñame si quieres hacer que me sienta bien
y ponte del revés si quieres hacer que te sienta bien.

Me sube y me siento encima de las nubes,
me cuentan que tienen ganas de tormenta,
qué importa si las noches se nos hacen cortas,
me mira y hasta las palabras se me olvidan.

Y cuando sale, el Sol empieza a bailar;
y cuando ríe, el mundo entero me da igual.

Y al despertar se acabó la primavera,
y al día siguiente la cabeza no deja de girar.
Repetiremos un sábado cualquiera,
nos hablarán las estrellas en cualquier lugar.
Roberto Iniesta

viernes, 5 de noviembre de 2010

Salud, Mariposa

Salud, Mariposa. El bosque es demasiado oscuro y profundo; pero tengo promesas que cumplir y mucho que viajar antes de poder dormir. ¿Me oíste, Mariposa? Mucho que viajar antes de poder dormir.

Versión original (gracias a Igor):

The woods are lovely, dark and deep,
but I have promises to keep,
And miles to go before I sleep,
and miles to go before I sleep.
Death Proof/Robert Frost

domingo, 24 de octubre de 2010

Permanece a mi lado

"Good shit". Dejando la jerga a un lado y tras haber buscado información sobre Lord Tennyson, esta magnífica pieza exhala un elemento volitivo que vomita el desperado deseo de que alguien permanezca a su lado. Encontramos caudaloso simbolismo pero, sin embargo, un servidor lo interpreta como un conjunto de pensamientos o anhelos que acribillan la cabeza al autor obligándole a aliviar el dolor evadiéndose mediante la plasmación de versos en papel, lo cual no deja de ser un mal común en poetas. Me refiero a ese resquemor, a esa migraña, a esa jaqueca que te guiará de la mano a la más exarcebada locura o la más profunda tristeza; o ese odio infundado que se apodera de uno y se lamenta y maldice por lo injusto de nuestra existencia. Esta es, a mi parecer, la causa del poema. Rest In Peace.

Permanece a mi lado cuando se apague mi luz,
y la sangre se arrastre;
y mis nervios se alteren con punzadas dolientes.
y el corazón enfermo,
y las ruedas del ser giren lentamente.

Permanece a mi lado,
cuando a mi frágil cuerpo le atormenten dolores y alcance la verdad,
y el tiempo maniaco siga esparciendo el polvo,
y la vida furiosa siga arrojando flamas.

Permanece a mi lado,
cuando vaya apagándome y puedas señalarme el final de mi lucha,
y en la cabecera de los días eternos
en el bajo y oscuro borde de la vida.
Lord Tennyson - In memoriam

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Entre Borges y Márquez, soy un salmón

Arrepentimiento. Eso es lo que percibo en las dos poesías de un par de maestros sudamericanos que a continuación comparto con vosotros, fieles bastardos. Estaréis pensando “joder chaval, no te agobies, ¡que solo llevas veinte años pateados!”. ¡Pues yo me agobio! Borges, por un lado y Márquez por otro así expresan la desazón, el desaliento y desconsuelo que sienten al atisbar, antes inapreciables, las puertas del matadero por donde todos hemos de pasar. Y pienso yo, ¿no debería ir teniendo presente que he de aprovechar hasta la más sencilla de las cosas de nuestra vil rutina? Mi objetivo es llegar al punto alcanzado por ellos y poder escribir un poema, cuando los achaques casi no me lo permitan, que acabe con “Y mi vida, ahora cuasi extinta, ha sido aprovechada hasta el último puto minuto”. Eso es. Exprimid, amiguitos, exprimid. Que la letanía de los años no pasa en balde, que la continuidad de alineación de los astros no es cosa de críos, que fui a por harina de otro costal y me dieron largas.

Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años...
y sé que me estoy muriendo.


Jorge Luis Borges – Instantes
Así de crudos nos materializa el de Buenos Aires sus frívolos pensamientos en su vejez más avanzada. Indiferencia hacia lo malo, concentración en lo bueno. Borges mezcla un cóctel de oposiciones, deseos reprimidos pero tardíos y cierto odio a no haber permitido la libre expansión de sus instintos cuando debía haberlo hecho. Aquí viene la segunda bomba:

Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz.

Andaría cuando los demás se detienen,
Despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.

Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo,
y esperaría a que saliera el sol.

Pintaría con un sueño de Van Gogh
sobre las estrellas un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata
que le ofrecería a la luna.

Regaría con lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas,
y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...

No dejaría pasar un solo día
sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.

A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.

¡Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres…!
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño,
por vez primera, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado por siempre.

He aprendido que un hombre
sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.

Gabriel García Márquez – La marioneta


¿No se os han caídos los ojos al suelo? Yo los tuve que recoger llenos de porqueta porque el colombiano clava verdades en el tablero de la ceguera, tapando fugas, sellando oquedades de desesperanza. Especialmente, los dos versos en negrita flagelan el sosiego. ¡Tiene toda la razón del mundo! Y Robe, en su libro, lo deja caer cuando habla de unos chimpancés en la selva al afirmar que ellos, sus conversaciones y actos no existieron porque no existe ni su recuerdo. Y ahí radica, hoy por hoy, uno de mis principales objetivos: vivir en el recuerdo. ¿Cómo? Habré de ponerme manos a la obra desde ya, aunque es un proceso que puede desencadenarse en cualquier instante. ¿De qué forma? Haciendo algo por lo que no solo me recuerden dos o tres generaciones descendientes de mi familia sino unas miles de personas lo suficientemente grandes como para que satisfaga la egoísta voluntad de permanecer en el recuerdo, mas probablemente mi opinión vire en otro sentido cuando alcance la felicidad plena.
Nítsuga Sotso Anibor

viernes, 17 de septiembre de 2010

Los ángeles muertos

Buscad, buscadlos:
en el insomnio de las cañerías olvidadas,
en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras.
No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube,
unos ojos perdidos,
una sortija rota
o una estrella pisoteada.

Porque yo los he visto:
en esos escombros momentáneos que aparecen en las neblinas.

Porque yo los he tocado:
en el destierro de un ladrillo difunto,
venido a la nada desde una torre o un carro.

Nunca más allá de las chimeneas que se derrumban
ni de esas hojas tenaces que se estampan en los zapatos.
En todo esto.

Mas en esas astillas vagabundas que se consumen sin fuego,
en esas ausencias hundidas que sufren los muebles desvencijados,
no a mucha distancia de los nombres y signos que se enfrían en las paredes.

Buscad, buscadlos:

debajo de la gota de cera que sepulta la palabra de un libro
o la firma de uno de esos rincones de cartas
que trae rodando el polvo.

Cerca del casco perdido de una botella,
de una suela extraviada en la nieve,
de una navaja de afeitar abandonada al borde de un precipicio.
Rafael Alberti - Sobre los ángeles

sábado, 12 de junio de 2010

El Rey Lagarto

Leones en la calle y vagando
perros en celo, rabiosos y llenos de espuma.
Una bestia enjaulada en el corazón de la ciudad.
El cuerpo de su madre
pudriéndose en el suelo en verano.

Él huyó de la ciudad,
fue hacia el sur y cruzó la orilla.
Dejó el caos y el desorden,
les dio la espalda.

Una mañana él despertó en un hotel verde
con una extraña criatura gimiendo a su lado.

El sudor escurrió desde su frente brillante.
¿Están todos?

La ceremonia está a punto de comenzar
¡Despierten!
¿No puedes recordar dónde fue?
¿Ha parado este sueño?

La serpiente era pálida,
satinada y encogida.
Teníamos miedo de tocarla.
Las sábanas eran ardientes prisiones muertas
y ella estaba a mi lado
vieja, ella no es... joven.
Su oscuro pelo rojizo,
su suave piel blanca.

Ahora, corre al espejo del baño.
¡Mira!
No puedo vivir a través de cada siglo de sus lentos movimientos.
Dejé mi mejilla resbalar hacia abajo
al agradable y suave azulejo.
Siento bien la fría mordedura en la sangre,
el suave silbido de las serpientes en la lluvia.

Una vez tuve un jueguito,
me gustaba cómo se arrastraba en mi cerebro.
Creo que sabes del juego del que hablo.
Hablo del juego llamado "Volverse loco".

Ahora deberías tratar de jugarlo.
Solo cierra tus ojos, olvida tu nombre.
Olvida al mundo, olvida la gente,
y erigiremos una torre distinta.

Este jueguito es divertido.
Solo cierra tus ojos, no hay manera de perder.
Estoy aquí, también voy a jugar.
Relájate, estamos abriéndonos paso.

Retrocedamos a lo más profundo del cerebro,
regresemos a donde nunca hubo dolor.
Y la lluvia cae suavemente en la ciudad
y en el laberinto de arroyos.
Abajo, la quieta presencia sobrenatural
de los nerviosos habitantes de las apacibles colinas alrededor
abundan reptiles,
fósiles, cuevas y cumbres frías.

Cada casa repite un molde
con ventanas laminadas
un carro con bestias encerradas en la mañana.
Todos duermen ahora.
Alfombras silenciosas, espejos vacíos,
polvo ciego bajo las camas de las parejas legítimas
envueltas en sábanas.
Sus hijas presumidas
con ojos de semen en sus pezones.

Espera....
Ha habido un sacrificio aquí.

(No pares de hablar o ver alrededor,
tus guantes y abanico están en el piso.
Estamos saliendo de la ciudad,
nos escaparemos
y quiero que tú vengas conmigo).

No toques la tierra.
No veas el Sol.
No hay nada más que hacer que
huir, huir, huir.
Huyamos.

Una casa sobre la colina.
La Luna descansa tranquila.
Las sombras de los árboles
son testigos de la salvaje brisa.
Vamos nena huye conmigo.
Huyamos.

Huye conmigo.
Huye conmigo.
Huye conmigo.
Huyamos.

La mansión es cálida en lo alto de la colina.
Las habitaciones son lujosas y confortables.
Rojos los brazos de los lujosos sillones
y no sabrás nada hasta que estés adentro.

El cadáver del Presidente en el carro del chófer,
el motor corre con cola y alquitrán.
Ven, no vamos muy lejos,
al Este a conocer al Zar.

Algunos bandidos vivían en la orilla del lago.
La hija del ministro está enamorada de la serpiente
que vive en un pozo junto a la carretera
¡Despierta niña! Casi estamos en casa.

Sol, Sol, Sol.
Arde, arde, arde.
Pronto, pronto, pronto.
Luna, Luna, Luna.
Te alcanzaré.
¡Pronto! ¡Pronto! ¡Pronto!

Deja las campanas sonar,
deja a la serpiente cantar.
Deja todo.

Hemos bajado
por ríos y autopistas.
Hemos bajado
por bosques y cascadas.

Hemos bajado
de un fénix esclavizado
y puedo decirte
los nombres del reino.
Puedo decirte
las cosas que sabes
escuchando un puñado de silencio,
escalando valles en oscuridad.

Soy el Rey Lagarto
y puedo hacer lo que quiera.

 
Puedo hacer que la tierra pare en su pista,
hacer que los carros azules se vayan.

Por siete años habité
en el perdido Palacio del Exilio,
jugando extraños juegos
con las chicas de la Isla.

Ahora regreso de nuevo
a la isla del justo, del fuerte y el sensato.

Hermanos y hermanas del pálido bosque
o hijos de la noche.
¿Quién de ustedes se unirá a la caza?

Ahora la noche llega con su legión púrpura.
Regresen a sus tiendas y a sus sueños,
mañana entraremos a la ciudad donde nací.
Quiero estar listo.

a
Jim Morrison - Celebration of the Lizard

lunes, 10 de mayo de 2010

Junto a Robe, mi otra gran influencia

Perdón por el retraso. Ya sabes como está la ciudad, llena de claxons.
La gente vuelve a la realidad de la oficina o de la tienda o de la fábrica y por qué no habrá paz en la mágica soledad de un atasco.

Sentémonos. Miremos la carta. Te he escrito algo porque te he echado en falta. Te lo leo en el postre porque sé que que te encanta eso de que haga deporte mental y, aunque me dé corte, lo comparta.

Cuando más harto creo estar vienes tú y me salvas; me cargas.
Tú de espantar el mal te encargas; me das gas. Me amas más que mis fantasmas; que tú a mis miedos te los pules con un dedo.

Por ti, por mí y porque el mundo es nuestro. Tú no me abandones que yo ya haré el resto. Pongo a este vino de testigo y seguiré siguiéndote más si quiero ser honesto contigo.

Yo sé más del deseo que de la satisfacción y sé que tú aún estás por conquistar, pero esa es mi emoción. Hoy te abres ante mí como un universo vestida de piano y saxofón para la ocasión. Sexo con, tu violador consentido. ¿Mi pretexto? Esta cena contigo.

Me da igual lo que digan yo te quiero como eres... erre a pe y sé que tú también me quieres.
Javier Ibarra (Kase. O) - Algo de Jazz

domingo, 9 de mayo de 2010

Pedrá

He aprendido, de estar solo, a llorar sin molestar,
y a cagarme en los calzones y a dudar.
La verdad sólo tiene un sentío, no me obligues a engañar;
si te crees todas mis mentiras, ¡qué vacío debes estar!

Morir sólo una vez va a ser poco para mí.
El diablo me ha cogido miedo y no me deja entrar.
Desafiar la perspectiva del fracaso a la que estamos condenados.

Me estoy reformando: te miro, me hincho,
me tiro a los cactus desnudo pero no me pincho.
Me estoy reformando todas las mañanas
y, ahora, hago siempre todo lo que me da la gana.

Y saborear, si tú le das, todo tiene sentido.
Y, al despertar, te voy a contar cositas al oído.

Por volver como eres; por volver como somos,
por la inmensa sonrisa de tus cansados ojos,
por volver donde alguien te quiere sin que vuelvas,
por poner a los míos con un poco más de luz.

Cuando su mirada se ha cruzado con la mía,
saltó sólo una chispa y, prendieron tantos fuegos,
que se fue la luz del día; arrasamos los bosques;
también vi como ardían los nidos en los postes.

Me voy a recortar en punta las orejas y
me voy a echar al monte a aullar entre la maleza.
Volver: no dudaría; ahora soy yonqui a mi manera.
Ya no quiero tu amnistía: puedo morir donde quiera.

Salto montañas; no paro ni a mirar patrás.
Quítame el precio y la fecha de caducidad.
Yo ya no me escondo. Ya no me tengo que agarrar
como vosotros: presos de lo convencional.

Cada mañana me tiro de la cama buscando una razón.
Muy despacito, me pongo los calzoncillitos y estoy mucho mejor.
¡Qué pena no estuvieras para ver el cuerpo que me dio Dios!

Busco colillas, me saco las albondiguillas... ¡otro ataque de tos!
No recuerdo nada... ¡Hostia, anoche, qué pasada! Aquello no era yo.
¡Qué pena no estuvieras para ver la marcha que me dio Dios!

Y ya nunca más volverán mis ojos a ver tus ojos y tu mata de pelo.
Y allí, desde lo lejos, van llegando los viejos recuerdos en ráfagas lentas de viento.

Y ya nunca más volverán mis ojos a ser tus ojos y mi mente un vertedero. Y allí, desde lo lejos, van llegando los viejos recuerdos tan royéndome por dentro.

Daría un río de mi sangre si quisiérais ejércitos enteros claudicar.
Hay guerra en todas las partes. Yo sólo pienso en tocarte.
La vida desperdiciada. Tanta lefa para nada.
Me acuesto de día, cuando llega la luz, y tengo claro que no quiero ser como tú.

Ni me olvido, ni me acuerdo. No he dormido y tengo hambre.
¡Ten cuidado, no me toques, no te vaya a dar calambre!
Roberto Iniesta - Pedrá

martes, 20 de abril de 2010

Huésped de las nieblas

Inmóviles, clavadas, mudas mujeres de los zaguanes
y hombres sin voz, lentos, de las bodegas,
quieren, quisieran, querrían preguntarme.
- ¿Cómo tú por aquí y en otra parte?

Querrían hombres y mujeres, mudos, tocarme,
saber si mi sombra, si mi cuerpo, andan sin alma
por otras calles.
Quisieran decirme:
- Si eres tú, párate.

Hombres, mujeres, mudos, querrían ver claro,
asomarse a mi alma,
acercarle una cerilla
por ver si es la misma.
Quieren, quisieran...
- Habla.

Y van a morirse, mudos,
sin saber nada.

Rafael Alberti - Los ángeles mudos

domingo, 28 de febrero de 2010

Realidad mutante

Las calles desbordadas de soledad
musitan su canción de asfalto y humedad.
La lluvia de gentes cesó a las doce
y los escaparates, a oscuras, consumen la noche.

La calle, helada, no deja de gemir.
Susurra, me grita y me aleja más de ti.
Através del cristal de mis gafas no entiendo ¿qué coño tienes dentro?
¿Y a quién agobias tú?

Mi cerebro es asfalto; mi rostro, cemento.
Las palabras forman grilletes de brillante hielo.
Suda mi piel y lubrifica mis malos pensamientos.
Ya no puedo caminar recto desde hace tiempo.

Roberto Iniesta (Malos pensamientos)

El viaje íntimo de la locura