Poeta y basura

a

“En el jardín hay un cerezo dormido, pero parece muerto. Este otoño comenzó a sentirse apático, y la dejadez se apoderó de su espíritu. La vida, cansada de verle abúlico y desastrado, decidió que lo mejor sería que se tomaran un tiempo para reflexionar sobre su relación, y se marchó de vacaciones, dejándole en un estado de abatimiento que hizo que se fuera consumiendo poco a poco hasta que acabó por convertirse en lo que es ahora: el aletargado esqueleto de un cerezo; una osamenta de madera clavada al suelo, que solo espera que regrese la vida”.

Mostrando entradas con la etiqueta Lo bueno de ser una rata. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lo bueno de ser una rata. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de julio de 2011

Reflexión

A F. J. C.

Hay veces que el destino se troca irreversible
y, toda lucha, fútil.
Hay ocasiones en que el azar dicta despiadado
y, toda súplica, se antoja baladí.
Hay momentos en que la fortuna mira para otro lado
echando las culpas al homo sapiens que ya va dejando de saber.
Hay instantes en los que uno cree nadar en lava
y despertar enjuagando la cara con ácido.
Hay santiamenes en los que se anhela volar con ansias
para subir y subir en aras de otear choques de cielos.
Hay horas que pasan como segundos,
segundos que pasean como horas
y días en los que se malogra la percepción del tiempo.
Hay recuerdos lamidos por calígines,
memorias lobotomizadas por la naturaleza del Aquél,
palabras mecidas hasta otra parte,
besos y abrazos que se perdieron.
No hay ni un triste periquete, empero, en que dejen
de bailar las variables del hado
que nuestro desfiladero teje.


De "Lo bueno de ser una rata"
Nítsuga Sotso Anibor © Todos los derechos reservados

viernes, 22 de abril de 2011

"Lo bueno de ser una rata"


¡KAABOOOM! Ya que los nazarenos no pueden salir, salen las ratas.

Os explico: hace cosa de un año y pico, por medio de estas locuras de los blogs, el destino quiso que Raül Jurado Gallego y Francisco Bermejo Gil, poetas más amigos que nunca, me pescasen de entre la red de redes. Yo, un pececino pseudo-novato, fui propuesto participar en un proyecto de poemario 100% extremeño bastante ambicioso. Al principio, reconozco que no sabía que sentir: algo de nervios, dudas, desconfianza... pero bastó hablar con ellos y conocerlos en persona para darse cuenta de que iban muy en serio y que un libro no sería lo único que sacaríamos de nuestras recíprocas relaciones, sino una buena amistad, un desarrollo de estilos propios impresionante en comparación a cuando empezamos y una visión mucho más exacta del jodido mundo de la publicación.

"Lo bueno de ser una rata" se encuentra dividido de la siguiente manera:

·         Prólogo, a cargo de Manolo Chinato, famoso poeta de Béjar pero de corazón castúo, muchas de cuyos versos se encuentran esparcidos por las canciones de Extremoduro (recomiendo descargar el disco "Poesía básica", pinchad en el enlace, es megaupload).

·         Canción del pirata, a cargo de Raül Jurado Gallego, poeta cacereño y cerebro del proyecto.

·         Introducción genesiaca, a cargo de Nítsuga Sotso Anibor, donde se introduce al personaje de nuestra obra: Dámaso.

·         Bloque 1: "Amor busca desamor, llámame", a cargo de Francisco Bermejo Gil, donde se aborda ese eterno compañero; a veces malvado, a veces bueno.

·         Bloque 2: "Soledad, compañera, ¿cuánto cobras?", a cargo de Raül Jurado Gallego, donde se habla de la soledad del ser humano y sus cruentos castigos.

·         Bloque 3: "Azabaches pupilas donde muero", a cargo de Nítsuga Sotso Anibor, que, como os podréis imaginar, puro existencialismo y extinción vital.

·         Epílogo, a cargo de Agustín Ostos Robina, a modo de reflexión y llamamiento final.

Raúl, puso la semilla para que esto se gestase; Fran y sus contactos, se encargaron de que la catalana Editorial Quadrivium apostase por nosotros y nos publicase; mi amigo Triple R, dibujó la portada, contraportada y las tres plumillas que hay por bloque; el Café Literario Libertad 8 de Madrid, el local para la presentación el próximo 2 de mayo y, finalmente, la confianza, el esfuerzo, la perseverancia y el destino, hicieron lo necesario para que esto saliese adelante.

En fin, gracias a todos los que me comentáis y ayudáis a que mejore con vuestras opiniones. Cuando el libro esté a la venta online con La casa del libro, os avisaré.

PD: os dejo la humilde Introducción genesiaca, un texto al que le di bastantes vueltas y no sé si las suficientes. Es muy obtusa y roma, pues fue escrita por estas manitas hace un 15 meses, en pleno apogeo de estilo barroco ;) Leed con tranquilad, frase por frase. Guten apetit!


MusicPlaylistView Profile
Create a playlist at MixPod.com
 
"Desperté. Prefería vivir, pero desperté. Las ventanas de mis ojos, atascadas por grasa de legañas, se desgajan torpemente. Chirrían, cansadas ya de la monotonía del abre-cierra automatizado. Pienso: “qué duro ser párpado” (otra absurda idea de las que foguean de temprano). Así, al menos, no estoy solo. Un poco loco, quizás, pero, ¿quién no lo está? Si en este mundo faltan bocas y corazones que alimentar. Al desperezarme, sigo sin enterarme del sentido de la cuasi esclavitud a la que fui condenado. El cómo llegué a este punto es una cuestión que he de debatir con el que, desde lo más alto, con imperativo índice manda.

La ciudad se viste, en avaros minutos, de luces y sonidos tras, en la noche, agonizar moribunda. Algo inquietó mi fase REM: gritos de amor, soledad y muerte que sollozaban en las esquinas más arrinconadas, en el asfalto más rodado, en lo más negro de las sombras, no deseando más que ahogarse en oídos de nadie y de todos. De repente, silencio. Atroz silencio que daba guerra, sin incesantes grillos. Nunca se conocieron herreros que trabajasen así la pesadumbre (se dice que se esconden en soles saltarines mas sus martillos no volverán a repiquetear).

Desde arriba, se aprecian hormigas que en des-conjunto marchan y desfilan sorteando avenidas y callejones sedientos de ser pisados. Mastico una bocanada de aire sin dar las gracias y observo, en medio de un profano bostezo, al gigante en el que vivo. Este barrio prefiere alejarse de la buena fama, huyendo deprisa de turistas y curiosos. Que lo califiquen como les dé la gana, sus altivos edificios aguantan con denuedo el expansionismo de superficiales bloques de pisos que no saben nadar. Salgo afuera y, de nuevo, la imaginación me salpica: “ese árbol parece deprimido, ¿por qué nadie le hará cosquillas?” y, seguidamente, “joder, Dámaso, deberías dejar las sandeces en casa”. Alcanzo, probablemente, uno de los mejores momentos de la jornada: el Metro. Cómo disfruto fisgoneando lo cotidiano de las personas, desde la expresión de apresuradas prisas hasta el cansancio vomitado por la rutina. Así soy yo, tan impertérrito como una peñasco pero, a la vez, ladrón de sonrisas al contemplar ternura entre una pareja, el cuidado del progenitor por su descendencia o el ceder del joven su asiento a hastiadas viejas. Qué paradójico lugar. Miles de historias que se entrecruzan día tras día y, sin embargo, yo me bajo en esta.

Atormentado, enjaulado en el enfado, prosigo en el andado camino hasta llegar al lugar donde sueño desempeñar mi labranza. Siembro papeles, fotocopio desesperanza, bebo ruina, trivialidades ladro y discuto angustia. En definitiva, otro día igual. Cuando recapacitó el reloj colocando las agujas en su sitio, arrepentido de la tortura a la que acostumbra a someter, abracé la amnistía cotidiana, esa liberación que alegra a cada uno de los dedos de mis pies y me lleva de la mano. “¡Qué gustazo! ¡Vamos a la tasca a tomar un par de cañas!” Le sugerí al olvido.

La fragancia de la calle, antes tergiversada, se siente bien. Tras unas lentes optimistas, decido perderme y marrar saboreando lo incierto del destino. Las caras que se cruzan me son familiares; son los rostros de cualquier persona, de cualquier lugar, en cualquier momento. Están, mas podrían no estarlo; coincide que he torcido aquí, no allí; resulta que, de no haber dirigido así los pies, no habría escuchado esa canción que desempolva recuerdos del músico que dinero implora llover; nostálgico y melancólico me troca. En los escasos dos instantes y medio que vive el choque de direcciones, intento discernir cómo serán sus vidas, sus problemas, con qué se deleitan y qué les entristece. A pesar de que mi entusiasmo llora de capa caída, tres o cuatro ápices me reporta pensar en ellos. “¿Cavilarán? ¿Se preguntarán lo mismo?” Y, acto seguido, “Tan solo si desvarían como tú, imprudente, no riges bien”. Mejor mando callar a mi subconsciente (ese sí que no sabe lo que dice). Pero, sobre todo, “¿sospecharán la desdicha que arrastro?” Opto por desterrar tales perturbaciones y encaro una brizna de brisa que, en el aire sucio, incide.

La cerveza, en atasco por túnel oscuro, grita eructos de satisfacción. Nubes de humo y voces me conducen a un ataque a mano armada de tos. Es extraño pero, aunque presida la barra en soledad, me retiene el pringue que la sociedad dejó caer. Dentro de una burbuja personal, la barahúnda de cualquier bar pierde la condición de indómita. Vuelvo a maquinar: “Dámaso, si escribieses las cosas que se te ocurren cuando estás borracho, te harías de oro, chaval”. Sin embargo, demasiados lagrimales se han secado desde que fui desterrado al mental exilio. Con un codazo, “¿no te parece, olvido?”

Caminar y caminar; errar y errar. Una vez más sin rumbo, sin dirección, sin norte (debo tenerlo por aquí pero no sé dónde). La noche me arropa, me aprieta bien entre sus nictálopes y lúgubres notas que me hacen delirar. Ese fragor profundo cala hondo; ese grisáceo contenedor, por segundos, solicita relevo; ese gato de argénteos luceros se ríe de mí. Vil derrotero, carnívoro de caucho, desgasta los zapatos de romero peregrino. Al abrazarme mendigo, desplómeme sobre mi ajetreado lecho, inclemente mármol de la caja de un banco, que se alegra de verme, abriga con gélido desprecio (de vagar y vagar, renací vagabundo).

Desperté. Prefería morir pero desperté. Separé las acartonadas sábanas, me levanté, besé el suelo y, entre moscas y mosquitos, empecé a abonar el sendero cagando dudas."

Nítsuga Sotso Anibor, Raül Jurado Gallego, Francisco Bermejo Gil, Rafael Ramos Rodríguez © odos los derechos reservados

martes, 25 de enero de 2011

Los árboles (the trees)

English version

Again, after making an a shitty law exam, I do my favorite hobby: writing. I thought to write this poem since one day I went to the terrace of the fraternity to have a beer and I looked at the trees in the park. Their trunks (see picture below), slim and erect, induced me the idea that, maybe, this was not the top but the bottom, which, therefore, we would be wrong conceiving the reality as we do and if we realized, we would lose the security in ourselves and we would begin to gravitate. Who knows. That is the question. Perhaps those who are on the other side, the roots, the real one, think the same.

Are their roots the roots we believe
or are the branches, the trunk, the tops
pieces hanging?

Do we walk on the surface thought
or like ants to other eyes
for an imperfect habitat we wander?

It might confess the stump
of sad cypresses or willow whiners
who steals the sap, the hydrogen, the dew droplets.
It may reveal
its future prospects,
the reason for so strong grip,
or an existential reflection.

I talked to the trees
and I didn’t like what they said:
they have vertigo about men, fear that the sun's gone forever
and not return.

Whispering to a Druid heart,
they recognized themselves fatigued
of renewing bark,
to be tattooed promises
that, every spring, are certainly broken.

- What else, ungrateful, you wish!
   Do you want us in your campfire to waltz?
   To crumple laughing and to kiss the earth?
   Or, perhaps, to mute the Holocaust of mahogany?


We are up or down, but we are;
though, perhaps, savoring the truth,
gravity flees
and we would go through a supposed sky deflating
like a balloon that suspects
doomed to fall down.


From "The good thing 'bout being a rat"
Nítsuga Sotso Anibor © All rights reserved

Versión española

Una vez más, tras hacer un examen de mierda, resulta preciso dedicar unos minutos a lo que a uno le gusta: escribir. Esta pieza la llevaba pensando desde que un día salí a la terraza del Colegio Mayor a tomar una cerveza y me fijé en los árboles del parque que nos acompaña. Sus troncos (ver foto), esbeltos y erguidos, me indujeron la idea de que quizás esa no fuese la parte superior sino la inferior, que, por lo tanto, estuviésemos equivocados al concebir la realidad tal y como lo hacemos y que, si nos percatásemos, perderíamos la seguridad en nosotros mismos y comenzásemos a gravitar. Quién sabe. Esa es la cuestión. Quizás los que estén al otro lado, al de las raíces, al verdadero, piensen lo mismo.

¿Son sus raíces las raíces que creemos
o son las ramas, el tronco, las copas
trozos que cuelgan?

¿Se camina en la superficie que se pensó
u como hormigas a otros ojos
por un hábitat imperfecto deambulamos?

Bien podría confesar el raigón
de cipreses tristes o sauces lloricas
quién les roba la savia, el hidrógeno, las gotitas del rocío.
Bien podría revelar
sus perspectivas de futuro,
la razón de un agarre tan fuerte
o una reflexión existencial.

He hablado con los árboles
y lo que dijeron no me gustó:
tienen vértigo al hombre, miedo a que el Sol se vaya para siempre
y no vuelva.

Susurrando a un corazón druida,
se reconocieron fatigados
de renovar corteza,
de ser tatuados promesas
que, cada primavera, con certeza se rompen.
-  ¡Qué más, ingratos, queréis!
   ¿Qué en vuestras hogueras valsemos?
   ¿Desplomarnos entre risas y besar la tierra?
   ¿O, a lo mejor, silenciar el holocausto de la caoba?


Estamos arriba o abajo, pero estamos;
mas, quizás, al saborear la verdad,
huiría la gravedad
y recorreríamos un supuesto cielo deshinchándonos
como un globo que se sabe
condenado a caer.

De "Lo bueno de ser una rata"
Nítsuga Sotso Anibor © Todos los derechos reservados

lunes, 3 de mayo de 2010

Père Lachaise

A Jim Morrison

Soy un psicópata bajo la apariencia de hombre cuerdo,
soy recuerdo en sueño ahogado,
soy fuego que se moja; agua que se quema,
soy un convicto a punto de ser ahorcado.

Fui de la existencia un mero trámite,
fui del polvo esencia,
fui de lápidas el trabajo del cincel,
fui lo que no quería ser y suelo arrepentirme.

De sonrisas y lágrimas soy un manojo.
No le quito ojo a la desesperanza.
A su danza, el diablo me invitó.

Seré exiliado errante en busca de lo que nunca tuve,
peregrino de virtudes que jamás ansié.
Nómada en bajas latitudes
se vomita en los pies algún viejo deseo.

Cuando se levante el castigo asomaré la calavera
y, si no viene nadie, pasearé por las angostas callejuelas
de Père Lachaise: hogar, dulce hogar.


De "Lo bueno de ser una rata"
Nítsuga Sotso Anibor © Todos los derechos reservados

sábado, 1 de mayo de 2010

Protagonista de óbito

Voy a aislarme del mundo
para descubrir nuevos espacios.
Voy a un segundo cerrar los ojos
hasta figurar en el de la estantería obituario.

Abriré los ventanales que, despacio, la luz entre.
Daré portazo al corazón y a todo aquello que siempre quise.
Y cuando me vea solo, no lo estaré tanto;ya que al llanto, a menudo, reacio me advertí.
En el momento que el clamor, afuera, de las gentes perciba,
tan solo podré enjuagar con amarga saliva la sinrazón.
¡Estacazos a la cordura! ¡A la sensatez rechazo!
Hoy descanso en el regazo de la psicopatía.

Borracho de ira, sediento de paz;
pedazos de vida, abrazos de ciudad.

Gritará el viento por las noches; gemirá al quebranto la mañana.
Los días se quedarán dormidos aplastando al ocaso contra la almohada.
Si recuerdos ensombrecidos, por recovecos huecos, entrasen de madrugada,
perdóname Señor porque no sé lo que hago.
De "Lo bueno de ser una rata"
Nítsuga Sotso Anibor © Todos los derechos reservados


El viaje íntimo de la locura