Poeta y basura

a

“En el jardín hay un cerezo dormido, pero parece muerto. Este otoño comenzó a sentirse apático, y la dejadez se apoderó de su espíritu. La vida, cansada de verle abúlico y desastrado, decidió que lo mejor sería que se tomaran un tiempo para reflexionar sobre su relación, y se marchó de vacaciones, dejándole en un estado de abatimiento que hizo que se fuera consumiendo poco a poco hasta que acabó por convertirse en lo que es ahora: el aletargado esqueleto de un cerezo; una osamenta de madera clavada al suelo, que solo espera que regrese la vida”.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Entre Borges y Márquez, soy un salmón

Arrepentimiento. Eso es lo que percibo en las dos poesías de un par de maestros sudamericanos que a continuación comparto con vosotros, fieles bastardos. Estaréis pensando “joder chaval, no te agobies, ¡que solo llevas veinte años pateados!”. ¡Pues yo me agobio! Borges, por un lado y Márquez por otro así expresan la desazón, el desaliento y desconsuelo que sienten al atisbar, antes inapreciables, las puertas del matadero por donde todos hemos de pasar. Y pienso yo, ¿no debería ir teniendo presente que he de aprovechar hasta la más sencilla de las cosas de nuestra vil rutina? Mi objetivo es llegar al punto alcanzado por ellos y poder escribir un poema, cuando los achaques casi no me lo permitan, que acabe con “Y mi vida, ahora cuasi extinta, ha sido aprovechada hasta el último puto minuto”. Eso es. Exprimid, amiguitos, exprimid. Que la letanía de los años no pasa en balde, que la continuidad de alineación de los astros no es cosa de críos, que fui a por harina de otro costal y me dieron largas.

Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años...
y sé que me estoy muriendo.


Jorge Luis Borges – Instantes
Así de crudos nos materializa el de Buenos Aires sus frívolos pensamientos en su vejez más avanzada. Indiferencia hacia lo malo, concentración en lo bueno. Borges mezcla un cóctel de oposiciones, deseos reprimidos pero tardíos y cierto odio a no haber permitido la libre expansión de sus instintos cuando debía haberlo hecho. Aquí viene la segunda bomba:

Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz.

Andaría cuando los demás se detienen,
Despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.

Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo,
y esperaría a que saliera el sol.

Pintaría con un sueño de Van Gogh
sobre las estrellas un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata
que le ofrecería a la luna.

Regaría con lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas,
y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...

No dejaría pasar un solo día
sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.

A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.

¡Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres…!
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño,
por vez primera, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado por siempre.

He aprendido que un hombre
sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.

Gabriel García Márquez – La marioneta


¿No se os han caídos los ojos al suelo? Yo los tuve que recoger llenos de porqueta porque el colombiano clava verdades en el tablero de la ceguera, tapando fugas, sellando oquedades de desesperanza. Especialmente, los dos versos en negrita flagelan el sosiego. ¡Tiene toda la razón del mundo! Y Robe, en su libro, lo deja caer cuando habla de unos chimpancés en la selva al afirmar que ellos, sus conversaciones y actos no existieron porque no existe ni su recuerdo. Y ahí radica, hoy por hoy, uno de mis principales objetivos: vivir en el recuerdo. ¿Cómo? Habré de ponerme manos a la obra desde ya, aunque es un proceso que puede desencadenarse en cualquier instante. ¿De qué forma? Haciendo algo por lo que no solo me recuerden dos o tres generaciones descendientes de mi familia sino unas miles de personas lo suficientemente grandes como para que satisfaga la egoísta voluntad de permanecer en el recuerdo, mas probablemente mi opinión vire en otro sentido cuando alcance la felicidad plena.
Nítsuga Sotso Anibor

viernes, 17 de septiembre de 2010

Los ángeles muertos

Buscad, buscadlos:
en el insomnio de las cañerías olvidadas,
en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras.
No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube,
unos ojos perdidos,
una sortija rota
o una estrella pisoteada.

Porque yo los he visto:
en esos escombros momentáneos que aparecen en las neblinas.

Porque yo los he tocado:
en el destierro de un ladrillo difunto,
venido a la nada desde una torre o un carro.

Nunca más allá de las chimeneas que se derrumban
ni de esas hojas tenaces que se estampan en los zapatos.
En todo esto.

Mas en esas astillas vagabundas que se consumen sin fuego,
en esas ausencias hundidas que sufren los muebles desvencijados,
no a mucha distancia de los nombres y signos que se enfrían en las paredes.

Buscad, buscadlos:

debajo de la gota de cera que sepulta la palabra de un libro
o la firma de uno de esos rincones de cartas
que trae rodando el polvo.

Cerca del casco perdido de una botella,
de una suela extraviada en la nieve,
de una navaja de afeitar abandonada al borde de un precipicio.
Rafael Alberti - Sobre los ángeles

lunes, 13 de septiembre de 2010

Un pasito adelante, otro atrás

Al Sol le gustaría detenerse un momento, incluso retroceder, pues no ve bien con tantos árboles. Pero no se atreve; se notaría demasiado. La gente vería dudar a la sombra, y eso no ha ocurrido nunca antes. Todo el mundo confía en que la sombra siga su camino pase lo que pase. Demasiada responsabilidad para el Sol.
Roberto Iniesta - El viaje íntimo de la locura

lunes, 16 de agosto de 2010

Campamento

Y mira que me lo habían avisado: “¡Ten cuidado que ir de campamento engancha!”. Lo primero de todo, os presento mis más sinceras apologías a los que acostumbréis a visitar estos parajes, ahora abandonados, incondicionalmente. Entre que me encuentro en Alemania intentado aprehender el idioma, estudiando dos asignaturas colgadas para septiembre y embarcado en un proyecto del que ya se tendrán noticias, no me da tiempo ni pa cagá. Con celeridad abrumante, redacto unas líneas merecedoras de un favor temporal de mayor envergadura por parte de Crono.

Como decía, este año ha sido mi primera experiencia como monitor de tiempo libre. El campamento tomaba lugar en el Colegio Alemán de Marbella, en lo alto de una montaña con vistas inmejorables. Con unos veinte monitores para cientocuarenta niños, se antojaba una onírica siestecilla, a menudo enturbiada por maleantes enanos. En resumen, fue más que gratificante. En algunos instantes mi vida corría serio peligro por tener encima a seis e incluso siete pulgarcitos/as entre ocho y trece anos pero mi felicidad no conocía límites. Aunque las fuerzas restantes se encontrasen bajo mínimos, una sonrisa o la ilusion reflejada en los ojos de estos saltimbanquis te renovaban por dentro y sacaban lo major de uno. Todo el cariño que se les daba lo devolvían con creces y ya se me había olvidado cuando yo, personalmente, en su momento era el acampado y quería parecerme a mis super monitores. Aunque se me estén yendo los escasos minutos de los que dispongo, me veo obligado a mencionar y venerar al grandísimo Rober, companero mío incondional de preparación de actividades con el que no pocas risas liberé.


Y como no podía ser menos, tuve que hacerme notar en la realización de un Lip Dub con los chavales. Me lo encargaron por saber que soy aficionado a grabar y fue un auténtico caos y quebradero de cabeza organizarlo pero, al contar tan solo con dos horitas y repetirlo únicamente dos veces, salió bien (sin contar movimientos bruscos al final jeje). Especiales agradecimientos a los hiper coordinadores Juan (macho Bravo) y Marta. Sin ellos y sin los demás habría sido imposible. Aquí os dejo el vídeo de los niños cantando, bailando y emulando los de las universidades americanas que tan de moda se han puesto. ¡Volveré pronto!
Nítsuga Sotso Anibor

lunes, 19 de julio de 2010

Pedí un chotis y pusieron un blues

Sospecho centinelas de bravas aguas,
aventuro ascuas de fuegos rebeldes
danzando al descompás del ondulado crepitar
donde se pinchan conversaciones a ígneos susurros.

Expreso el desazón y la rabia
que dan de comer a borbotones de saliva.
¡Homicida perdido en el siglo! Eres preso.

Ni loco ni imprudente ante la presencia guripa,
corazón urbano añora pasados tiempos pueblerinos.
Camino del Trocadero, le tiran monedas al pasar
a sus dueños gladiadores que de Capua han huido.

Mansos guardias del infinito roncan con despertar ornatos
en un mundo huelguista de eco,
hartos de cuevas percusionistas y pechos peludos.

Vigías desesperados, desvelados, somnolientos.
Vigías despabilados, desaliñados, coléricos.
Vigías descafeinados, despeinados, atentos.

A ti esperan ver bailar descalzo un último chotis en la hoguera.
Adelante.
Nítsuga Sotso Anibor

viernes, 25 de junio de 2010

El séptimo sello

Bicolor filme sueco de 1957 en el que el caballero sir Antonious Block mantiene una partida de ajedrez con la muerte. La recomiendo encarecidamente a toda persona que tenga un mínimo de inquietud existencialista. Diálogo maestro en el que nuestro caballero se confiesa ante un hombre con aspecto de clérigo que resulta ser la propia muerte disfrazada:
— Quiero confesarme y no sé qué decir. Mi corazón está vacío. El vacío es como un espejo delante de mi rostro. Me veo a mí mismo y, al contemplarlo, siento un profundo desprecio de mi ser. Por mi indiferencia hacia los hombres y las cosas me he alejado de la sociedad en que viví. Ahora habito un mundo de fantasmas. Prisionero de fantasías y ensueños.
— Y, a pesar de todo, no quieres morir.
— Sí, sí quiero.
— Entonces, ¿a qué esperas?
— Deseo saber qué hay después.
— Buscas garantías.
— Llámalo como quieras. ¿Por qué la cruel imposibilidad de alcanzar a Dios con nuestros sentidos? ¿Por qué se nos esconde en una oscura nebulosa de promesas que no hemos oído y milagros que no hemos visto? Si desconfiamos una y otra vez de nosotros mismos, ¿cómo vamos a fiarnos de los creyentes? ¿Qué va a ser de los que queremos creer y no podemos? ¿Por qué no logro matar a Dios en mí? ¿Por qué sigue habitando en mi ser? ¿Por qué me acompaña humilde y sufrido, a pesar de mis maldiciones que pretenden eliminarlo de mi corazón? ¿Por qué sigue siendo una realidad que se burla de mí y de la que no me puedo librar? ¿Me oyes?
— Te oigo.
— Yo quiero entender, no creer. No debemos afirmar lo que no se logra demostrar. Quiero que Dios me tienda su mano, vuelva su rostro hacia mí y me hable.
— Él no habla.
— Clamo a él en las tinieblas y nadie contesta a mis clamores.
— Tal vez no haya nadie.
— Pero entonces la vida perdería todo su sentido. Nadie puede vivir mirando a la muerte y sabiendo que camina hacia la nada.
— La mayoría de los hombres no piensa en la muerte ni en la nada.
— Un día, llegan al borde de la vida y deben enfrentarse a las tinieblas.
— Sí, y cuando llegan...
— Calla, sé lo que vas a decir, que el miedo nos hace crear una imagen salvadora y esa imagen es lo que llamamos Dios.
— ¿Te estás preocupando?
— Hoy ha venido a buscarme la muerte, estamos jugando una partida de ajedrez, es una prórroga que me da la oportunidad de hacer algo importante.
— ¿Qué piensas hacer?
— He gastado mi vida en diversiones, viajes, charlas sin sentido. Mi vida ha sido un continuo absurdo. Creo que me arrepiento, ¡fui un necio! En esta hora siento amargura por el tiempo perdido, aunque sé que la vida de casi todos los hombres corren por los mismos cauces. Por eso quiero emplear esta prórroga en una acción única que me dé la paz.
— Por eso juegas al ajedrez con la muerte.
— Emplea una táctica muy hábil pero todavía no he perdido ni una sola de mis piezas.
— ¿Y supones que podrás engañar a la muerte con tu juego?
— Gracias a una combinación de alfiles y caballos que aún no me ha descubierto. Una jugada más y le arrebataré la reina.
— Lo tendré en cuenta.
— Me has traicionado, tratas de engañarme pero cuando nos enfrentemos de nuevo yo encontraré una salida.
El séptimo sello

lunes, 21 de junio de 2010

Neumotórax

Fui encarcelado en una pleura
donde al aire no llega,
que tiene vísceras en los cristales
y agujeros por puertas.

Neumotórax que me inquietas las quimeras,
incides demasiado en mi estado de ánimo.
Cualquier día de estos te mando a tomar por culo.

Tapias de membrana cubren los socavones
que con un soplo de viento se vuelven a exhibir,
descorchando los bronquios ladrones de aliento
que gaseoso elixir sisan.

No han conseguido curarte ni tiritas ni enfermeras.
Estás muy consentido tú, ¡eh!

Mas no todo son reproches (alguna cosa te debo),
aunque si pudiera gritarte se cagaría la perra,
pero hijo de puta eres listo; ahogas y sofocas.

Deprimentes brechas visten esta posada pulmonar
de oxígeno viciado llena de secuaces que trafican con él.
Por perforada que esté, la fonda no se orea.

Si en un alarde garbo me secuestras a mejor vida,
has de saber que has sido un inquilino bastante cabrón,
haciéndome pagar con creces.

Amamanto la fe de que en algún momento sea absuelto, (la Ley de Arrendamientos Urbanos tan solo me obliga a renovarte el contrato cinco años, ¡bicho!)

a
Nítsuga Sotso Anibor

jueves, 17 de junio de 2010

Jazz & Rap

Sí, ¡no es broma! Como tantos otros, percibo el rap como poesía moderna sobre una base de bombos y cajas que marcan el ritmo al MC (Master of the Ceremony) de turno. Sin embargo, este género arrastra una lacra que provoca una generalización del concepto que se tiene sobre él: un individuo normal, al hablarle de hip hop se imagina a tíos negros con pistolas en bidones con hoguera estilo gangsta. ¡Pues no! Hay mucho más que eso y en nuestra nación deberíamos estar orgullosos de albergar a los mejores en nuestra lengua. Antes de criticar o rechazar, recomiendo encarecidamente que artistas como Javier Ibarra, Juaninacka, Rapsusklei, Xhelazz, El Chojín e incluso el mismísimo Tupac Shakur, entre otros, sean escuchados o, al menos, leídos.
Hay letras buenísimas, profundas, arrancas del pecho e incluso filosóficas. Aparte de Extremoduro y AC/DC, los mejores conciertos en los que he estado han sido el de Kase. O con su banda de jazz y el de Rafael Lechowski con otra del mismo palo. ¿Jazz y rap? ¡Se me ponían los pelos de punta! Por eso me atengo a lo de que nunca es tarde si la dicha es buena, no os encerréis y abrid los oídos y el corazón a lo nuevo, a lo distinto, a lo diferente. Fuera de toda la estética creada por puros fines comerciales, se esconde algo verdadero cuya esencia a veces palia el dolor agonizante de las ánimas más extasiadas.

Como en mi adolescencia era lo que más me marcaba, quién sabe, algún día quizás incluso publique en estos lares la letra de mi canción de rap más cañera (¡rap culto, aviso!) jejeje. Dejo un trozo de "la creme de la creme" para que lo devoréis, ¡carnívoros de versos!
Yo soy el semen; tú el amor.
Yo la música de fondo; tú la habitación para dos.
Yo el champán; tú los condones.
Yo uno más; tú otra más.
Tú el placer; tú la cama; yo el frenesí.
Tú protagonista de un blues; yo al que llaman MC.
Tú la aventura; yo el aventurero
cuando escribes con carmín en el espejo te quiero.

Tú el escote; yo la mirada.
Tú eres la cintura y yo la goma de tus bragas.
Yo la materia; tú el espíritu.
Yo Zeus; tú cualquier diosa parecida a Venus.
Yo el whisky; tú esta noche
serás la blusa; yo el que la desabroche.
Yo la mentira; tú la mentirosa.
Tú serás la chica y yo el chino que te venda rosas.
Tú la chula; yo el tuyo puto.
Tú la prisa; yo el que pierde el último minuto.
Tú las lágrimas; yo las sonrisas.

Tú el boungalow; yo el mar y en tu cara mi brisa.
Mira chica eres mi vida.
Vida perdida por la mujer y la bebida.
a
Javier Ibarra - Ballantine's

El viaje íntimo de la locura